Aprender siendo adulto: porque nunca es tarde

Durante mucho tiempo se ha asociado la formación con las primeras etapas de la vida. Sin embargo, los cambios del mercado laboral, la transformación tecnológica y las nuevas formas de trabajo han hecho cada vez más habitual que una persona actualice sus conocimientos, cambie de sector o comience una nueva trayectoria profesional después de los 30, 40 o 50 años. En muchos casos, la experiencia acumulada puede aportar competencias útiles para una nueva profesión, potenciando los conocimientos específicos que se puedan adquirir con una nueva formación. En otros, el proceso puede comenzar con una afición o una habilidad que, con el tiempo, comienza a adquirir una dimensión profesional.

 

El aprendizaje permanente como parte de la vida profesional

A partir de la digitalización y los avances tecnológicos, la formación continua se ha convertido en una parte fundamental de muchas trayectorias laborales. Cada vez son más los rubros en los cuales es necesario actualizar los conocimientos para mantenerse competitivos. Por ello, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) considera que el aprendizaje de adultos es fundamental para desarrollar y mantener las capacidades necesarias durante la vida laboral. Sin embargo, comprende que la falta de tiempo relacionada con el trabajo y las responsabilidades familiares suelen ser grandes obstáculos para participar en actividades formativas.

En el caso de España, el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes incluye dentro de la educación permanente la adquisición o actualización de conocimientos, destrezas y competencias después de la educación inicial y de la incorporación al mercado laboral. Por tanto, estudiar durante la edad adulta puede responder a una necesidad profesional, pero también formar parte de una planificación a largo plazo. En este sentido, la experiencia laboral previa puede facilitar el proceso porque proporciona métodos para organizarse, resolver problemas y aprender de manera autónoma.

 

La experiencia previa también cuenta

Si se piensa en un cambio de rumbo laboral, uno de los primeros obstáculos que suele aparecer es la idea de que la experiencia acumulada deja de tener utilidad. Sin embargo, muchas competencias adquiridas en un empleo pueden trasladarse a otros sectores. La capacidad de organizar tareas, comunicarse, trabajar en equipo, gestionar responsabilidades o resolver problemas puede resultar útil en profesiones muy diferentes. A estas habilidades se añaden después los conocimientos técnicos específicos que sea necesario adquirir mediante formación.

Teniendo en cuenta esto, antes de elegir una nueva profesión conviene analizar qué se sabe hacer y qué conocimientos faltan. Esta evaluación permite establecer objetivos realistas y evitar comenzar una formación sin tener claro qué se necesita aprender. También es importante adaptar el ritmo de estudio a las circunstancias personales. Quien trabaja o tiene responsabilidades familiares probablemente necesitará una formación compatible con su rutina. Mantener una dedicación constante suele ser más sostenible que intentar avanzar rápidamente durante un periodo corto.

 

De una afición a una nueva competencia profesional

No todos los cambios profesionales comienzan con la intención de obtener una nueva titulación. En ocasiones, una afición permite descubrir una habilidad que posteriormente adquiere una dimensión profesional. En estos casos, aprender a tocar un instrumento constituye un ejemplo claro, dado que una persona adulta puede comenzar a estudiar música por interés personal y, con el tiempo, desarrollar competencias relacionadas con la interpretación, la enseñanza o diferentes actividades vinculadas al ámbito musical.

Como se explica desde la página web de Clases de Piano, el aprendizaje de un instrumento requiere coordinación, memoria, lectura musical y práctica continuada, por lo que representa un ejemplo de cómo una habilidad compleja puede desarrollarse progresivamente sin haber comenzado durante la infancia. La investigación académica también ha estudiado este tipo de aprendizaje. Un trabajo publicado en Frontiers in Psychology analizó un programa de aprendizaje de piano dirigido a personas mayores sin experiencia previa y examinó diferentes aspectos cognitivos, motores y sociales relacionados con la formación musical.

El interés de estos procesos no reside únicamente en una posible salida profesional. Aprender una nueva disciplina permite también comprobar la capacidad de adquirir conocimientos desconocidos y desarrollar una habilidad mediante la práctica. En algunos casos, esa experiencia puede convertirse posteriormente en una actividad laboral.

 

Qué valorar antes de cambiar de profesión

Antes de iniciar una nueva formación, conviene definir el objetivo. No es lo mismo buscar una especialización dentro del sector actual, cambiar completamente de profesión, desarrollar una actividad complementaria o aprender una habilidad por interés personal. También es necesario conocer las exigencias reales de la profesión elegida, ya que algunas ocupaciones requieren titulaciones oficiales o acreditaciones concretas, mientras que otras valoran especialmente la experiencia práctica, la formación específica o determinadas competencias técnicas.

El tiempo disponible constituye otro factor determinante. En este sentido, una formación compatible con el horario laboral puede resultar más sostenible que un programa intensivo difícil de mantener durante meses. Además de las horas de clase, hay que reservar tiempo para estudiar, practicar y consolidar los conocimientos. Por último, es necesario aceptar que el aprendizaje será gradual. Los adultos suelen tener obligaciones que no existían durante la etapa educativa inicial, pero también cuentan con experiencia y herramientas que pueden facilitar la incorporación de nuevos conocimientos.

 

Una nueva profesión puede formar parte de una nueva etapa

Las trayectorias profesionales ya no tienen por qué seguir una única dirección desde los primeros estudios hasta la jubilación. Pueden incluir cambios de sector, especializaciones, periodos de actualización y nuevas competencias adquiridas muchos años después de terminar la formación inicial. Esto no significa que cualquier cambio sea sencillo ni que aprender una profesión garantice automáticamente una salida laboral. Es necesario conocer las exigencias del sector, valorar los recursos disponibles y mantener expectativas realistas sobre el tiempo necesario para adquirir experiencia.

Sin embargo, la edad tampoco debería convertirse por sí sola en un límite. Aprender un idioma, adquirir competencias digitales, estudiar una profesión diferente o comenzar a tocar un instrumento son procesos distintos, pero comparten la posibilidad de seguir desarrollando capacidades y ampliar las opciones personales y profesionales.

La formación adulta puede ser una parte más de una trayectoria que continúa evolucionando. El aprendizaje no termina cuando comienza la vida laboral, sino que puede acompañarla durante décadas y abrir nuevas posibilidades cuando cambian las circunstancias, los intereses o las necesidades profesionales.

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