Stanley Kubrick

Stanley Kubrick, antes de convertirse en uno de los mejores directores de cine de la historia, ejerció como fotógrafo. Lo hacía con gran astucia y con mucha personalidad en cada una de sus tomas, lo que luego aplicaría a los diferentes planos de sus películas. Fue allá por los años cuarenta cuando Kubrick empezó a disparar con su cámara y a desarrollar su talento al servicio del universo de la fotografía.

En aquella época teníamos a un Stanley Kubrick muy joven que se lanzaba a inmortalizar diferentes escenarios de la ciudad de Nueva York. Famosa es la fotografía que captó de un señor que vendía periódicos y al que se le desagarró el corazón una vez que supo la noticia de la muerte del presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt.

A partir de ahí, Stanley Kubrick trabajó durante cinco años para la revista The Look, que en torno a la mitad del siglo veinte gozaba de un importante prestigio (The Look estuvo saliendo a la calle desde 1937 a 1972). Su periplo en esta revista le ayudó a consolidar una mirada y una perspectiva propia de la que, posteriormente, el séptimo arte se nutriría.

Fue una cámara Gaflex que sus padres le regalaron la que le abrió el apetito de hacer fotografías a Stanley Kubrick. Ya una vez que empezó a vivir de su primera profesión, la de fotógrafo, Kubrick pudo hacer fotografías a las principales estrellas y personalidades del momento. Pero especialmente bellas son también las instantáneas que toma de gente corriente, de gente anónima, como la de un hombre sin identificar en Chicago, la de dos niños haciendo de la de una modelo de lencería junto a una aburrida secretaria. Con 17 años, Stanley Kubrick realizó un sugerente, inquietante y hermoso trabajo en el Metro de Nueva York, donde logró captar la esencia de la ciudad que nunca duerme a través de la fotografía.